El fútbol es colectivo

Por Elías Almeyda Palma

El pasado domingo 3 de mayo, el Inter de Milán venció 2 a 0 al Parma en el Estadio Giuseppe Meazza para ganar su 21° Scudetto en la Serie A 2025/26 demostrando que, en la actualidad, el fútbol premia a equipos con una plantilla más humilde y de focos bajos.

El Inter se mantuvo como uno de los equipos dominantes de Italia durante esta temporada y reafirmó su prestigio europeo con la conquista de la Serie A. Bajo la dirección técnica del rumano Cristian Chivu, tras la etapa de Simone Inzaghi, el equipo sostuvo un sistema dinámico y competitivo, combinando experiencia, talento consolidado y jóvenes promesas. El club cerró la temporada en la cima de la Serie A con una ventaja importante sobre sus perseguidores, consolidándose como una potencia europea y proyectándose como uno de los grandes protagonistas del continente.

Sin embargo, las principales figuras del equipo nerazzurri en 2026 fueron de focos bajos, como el capitán Lautaro Martínez, quien se estableció como delantero estrella y máximo referente del club en la obtención del Scudetto con el Inter; el mediocampista Hakan Çalhanoğlu, quien se convirtió en líder emocional del equipo, pieza fundamental en la creación de juego y figura reconocida por su gran pegada de media distancia; el mediocampista Nicolò Barella, quien fue uno de los más completos de Europa y pieza esencial para el equilibrio y funcionamiento colectivo; el delantero Marcus Thuram, quien fue clave en el ataque al formar una dupla letal junto a Lautaro Martínez; el defensor Alessandro Bastoni, quien se volvió el pilar defensivo y líder de la defensa nerazzurri; y el lateral Federico Dimarco, quien tuvo un rol determinante y capaz de aportar goles y asistencias con regularidad. Además, jóvenes promesas como Pio Esposito comenzaron a ganar protagonismo gracias a sus actuaciones y crecimiento futbolístico.

La filosofía del club estuvo centrada en construir un equipo por encima de las individualidades, transformando un grupo de grandes jugadores en un colectivo cohesionado y competitivo. Este enfoque buscó integrar las fortalezas individuales dentro de una estructura funcional, priorizando la inteligencia colectiva sobre el brillo personal.

Los principios fundamentales de este modelo fueron potenciar las fortalezas individuales dentro de un propósito común; transformar los egos en compromiso colectivo; promover un liderazgo basado en la empatía, la conexión y la responsabilidad; y mantener una cultura de rendición de cuentas y trabajo colaborativo. Para sostener esta estructura, el club trabajó sobre objetivos claros, procesos eficientes y una fuerte cohesión grupal, construyendo una cultura de alto rendimiento donde el equipo, como “constelación”, brilló más que cualquier individualidad por separado.

Algunos casos similares al del Inter son los del Paris Saint-Germain y la Selección Argentina. Por un lado, el PSG pasó de ser identificado como el equipo de los “Galácticos” franceses, basado en la acumulación de figuras mediáticas como Lionel Messi, Neymar Jr y Kylian Mbappé, a construir un proyecto deportivo sólido y equilibrado bajo la conducción de Luis Enrique, priorizando el funcionamiento colectivo por encima de las individualidades. Tras años de fracasos en la Champions League pese al enorme talento individual, el club modificó radicalmente su política deportiva con la salida de sus superestrellas, liberándose de la dependencia de egos y altos salarios para enfocarse en una estructura más cohesionada. De la mano del director deportivo Luis Campos, el PSG comenzó a fichar jugadores jóvenes, versátiles y comprometidos tácticamente, como Bradley Barcola, Vitinha y Ousmane Dembélé, formando un plantel diseñado para sostener intensidad, presión alta y sacrificio defensivo colectivo. Luis Enrique instauró una identidad basada en la posesión, la circulación rápida del balón y la disciplina táctica, dejando claro que ningún jugador está por encima del equipo. Este nuevo modelo permitió consolidar un bloque competitivo, adaptable y comprometido, capaz de alcanzar instancias decisivas de la Champions League entre 2024 y 2026 y de ganar reconocimiento internacional no solo por sus estrellas, sino por su idea de juego.

Por otro lado, la Selección Argentina campeona del mundo en Qatar 2022, dirigida por Lionel Scaloni, se convirtió en un ejemplo de cómo la construcción de un equipo cohesionado y con identidad colectiva puede prevalecer sobre la dependencia exclusiva de figuras estelares. Tras el golpe del Mundial 2018, Scaloni impulsó una profunda renovación generacional y creó un entorno basado en la humildad, el respeto y el compromiso grupal, priorizando el rendimiento y el sacrificio colectivo por encima del prestigio individual o el club de procedencia. Este proceso, conocido como la “Scaloneta”, consolidó un equipo flexible y “camaleónico”, capaz de adaptarse tácticamente a distintos rivales mediante presión alta, bloque defensivo compacto o contraataques rápidos, sin aferrarse a una única forma de jugar. Lejos de depender únicamente de Lionel Messi, la Selección construyó un sistema pensado para potenciarlo y rodearlo de jugadores comprometidos que compartieran responsabilidades dentro del campo. El resultado fue un grupo unido, solidario y tácticamente disciplinado que alcanzó cuatro finales en tres años y conquistó el Mundial de Qatar 2022.

Con esto, nuevamente queda demostrado que, en el fútbol moderno de élite, un equipo equilibrado, cohesionado, con identidad táctica clara, fuerte, coordinado, humilde y con focos bajos suele ser más efectivo y sostenible que la simple acumulación de figuras estelares individualistas para conseguir un éxito sostenido en el fútbol.

Publicaciones relacionadas

Comienza escribiendo tu búsqueda y pulsa enter para buscar. Presiona ESC para cancelar.

Volver arriba