Risas y reflexión en el FICPBA
En el marco del Festival Internacional de Cine de Buenos Aires (FICPBA), una remasterización del clásico argentino Esperando la carroza volvió nuevamente a la pantalla grande, y aunque el público disfrutó de los chistes ya conocidos y de las icónicas frases que marcaron generaciones, no fue una función más. A medida que avanzaba la trama de la familia disfuncional que lidia con la desaparición de la matriarca, las risas en la sala no lograban disimular la pregunta latente: ¿Qué pasará con el cine argentino si se recortan los fondos estatales? Con una trayectoria que comenzó en 1985, ELC, dirigida por Alejandro Doria, se ha convertido en un símbolo de la cultura argentina. Las frases como “Yo hago puchero, ella hace puchero” o “¡Tres empanadas!” son parte del ADN colectivo del país. La sala se llenó de risas que resonaban con complicidad entre quienes recitaban de memoria los diálogos y aquellos que los escuchaban por primera vez. Sin embargo, esta proyección no solo fue un reencuentro con un clásico; fue también un llamado de atención, un vivo recordatorio de que el cine nacional está en peligro. El presidente de la nación, Javier Milei, está llevando adelante drásticos recortes en la financiación estatal de la cultura, una medida que ha puesto en alerta a toda la industria audiovisual. El cine argentino, históricamente apoyado por el Estado, se enfrenta a la posibilidad de que su futuro sea incierto.Un legado en riesgo La versión remasterizada de Esperando la Carroza que se proyectó en el FICPBA forma parte del Plan Recuperar, una iniciativa impulsada por la Asociación de Directores de Cine Argentinos (DAC) para preservar el legado cinematográfico del país a través de la restauración y digitalización de películas emblemáticas. La sala llena demostró que el cine argentino no sólo tiene valor como entretenimiento, sino como un reflejo de la identidad y las tensiones sociales del país. Los aplausos que inundaron el recinto no fueron solo por la genialidad cómica de la película, sino también un acto de resistencia ante la incertidumbre. Sin el apoyo estatal, muchas de las películas que hoy forman parte de la memoria colectiva podrían perderse. La función fue, en ese sentido, la confirmación de que el cine nacional no puede ni debe ser olvidado.Un cine que une generacionesLo que ELC logró esta tarde fue mucho más que una simple proyección. Fue un espacio de encuentro entre generaciones, donde los más jóvenes, sorprendidos por el ácido humor del film, compartieron risas con los mayores, quienes se sumergían en la nostalgia. La película, a pesar de haberse estrenado casi 40 años atrás, sigue vigente en la cultura popular y desde hace años circula en la comunidad memera de internet. Pero, así como en la película los personajes discuten sobre quién se hará cargo del muerto, hoy la pregunta es quién se hará cargo del futuro del cine argentino. Las risas se entremezclaron con una reflexión más profunda: ¿Podrán seguir contándose estas historias si las políticas de recorte avanzan? ¿Qué pasará con el cine como herramienta de construcción de soberanía y de preservación de la historia cultural?La cultura es una necesidad La experiencia de ver ELC en el FICPBA es más que un recordatorio del valor cultural de esta obra maestra: es un llamado a la acción. La cultura, no es un lujo, sino una necesidad vital para la construcción de una sociedad con identidad y memoria. El cine argentino ha sido históricamente un pilar para contar nuestras historias, aquellas que definen quiénes somos y hacia dónde vamos. Al final de la proyección, el público salió con una sonrisa, pero también con la sensación de que el cine argentino es algo que vale la pena proteger, porque, como nos recuerda la película: «No es mi muerto, es tu muerto». Y esta vez, el futuro del cine está en nuestras manos.
Anto Urralburu
