Por Elías Almeyda Palma
Como estudiante de Periodismo de la UNLP, viajé el martes 12 de mayo, sin banderas partidarias, desde La Plata hasta Plaza de Mayo para marchar en la cuarta movilización federal contra el ajuste universitario. Allí quedé envuelto entre el retumbar de los bombos y un acto multitudinario que exigía al gobierno el cumplimiento urgente de la Ley de Financiamiento Universitario.
Salí de mi casa en La Plata a las 11:00 con tres carteles ilustrativos en defensa del financiamiento universitario, una botella de agua y una campera para más tarde. Como estudiante y periodista en formación de la UNLP debía estar ahí, participando en la marcha desde adentro. El tren hacia Constitución iba lleno de agrupaciones con banderas. En el vagón donde iba se colaban cánticos en defensa de la educación y conversaciones sobre parciales.
Bajé en Constitución a las 14:10. La Avenida de Mayo ya estaba cortada desde 9 de Julio y, sin bandera ni bombos, caminé directo hacia Plaza de Mayo. El motivo de la movilización se repetía en los carteles escritos a mano, levantados entre la multitud: “Cumplan con la ley”. La consigna apuntaba a la Ley de Financiamiento Universitario, aprobada por el Congreso en octubre de 2025, ratificada después del veto presidencial y validada en dos instancias por la Justicia. Aun así, el gobierno decidió llevarla a la Corte Suprema con efecto suspensivo. Mientras tanto, durante el primer cuatrimestre de 2026, el presupuesto universitario cayó un 7,9% real interanual y los salarios docentes perdieron un 8,8% en apenas un año.
Llegué a Plaza de Mayo a las 14:50. Apenas entraban algunas personas más. La convocatoria; impulsada por el Consejo Interuniversitario Nacional (CIN), la Federación Universitaria Argentina (FUA) y el Frente Sindical de Universidades Nacionales; era la cuarta marcha federal desde que asumió Javier Milei. El acto central estaba pautado para las 17, con discursos desde el palco delante de la Casa Rosada. A mi alrededor, grupos de distintas organizaciones universitarias, como la Federación Argentina del Trabajador de las Universidades Nacionales (FATUN) y Franja Morada, desplegaban sus banderas. Se notaba un contraste que se repetía en toda la plaza. Números que cierran en el Excel de Casa Rosada, pero no cierran en la heladera ni en las cursadas.
Es interesante recordar, que durante la movilización también se vieron a jubilados, personas con capacidades especiales y médicos del hospital Garraham brindando su apoyo a la comunidad universitaria debido a que dichos sectores también se encuentran atravesados por una situación similar.
A las 17:10 empezó el acto con el himno nacional. Fue un inicio muy esperanzador, en mí opinión. Representantes de algunas agrupaciones de docentes, no docentes y estudiantes dieron su parecer y leyeron un documento único al final. Exigieron la aplicación inmediata de los artículos 5 y 6 de la ley, que recomponen salarios y becas, y denunciaron que los hospitales universitarios sólo ejecutaron el 9,3% del presupuesto asignado. No había clima de fiesta. Los bombos sonaban más como descarga que como celebración y, entre las columnas, predominaban los rostros serios, las discusiones sobre salarios y los carteles improvisados con marcador negro. Nadie parecía marchar por costumbre. Se marchaba con bronca, con cansancio y con la sensación de que la universidad pública estaba siendo empujada al límite. Era un reclamo sostenido, con más resignación que euforia, pero con la certeza de que no abandonar las aulas era también una forma de pelear.
Me quedé hasta el final del acto. Alrededor mío había gente de Rosario, Córdoba, Mar del Plata, Jujuy, entre otros. Todos habíamos viajado horas para estar un largo rato bajo el sol en Plaza de Mayo. No vi banderas partidarias grandes, sí vi muchas de facultades, de carreras y de colectivos autoconvocados. La marcha se sintió federal no sólo por las provincias que se movilizaron, sino porque el ajuste pega igual en La Plata que en Neuquén. La pérdida de poder adquisitivo y el freno a la infraestructura universitaria son el mismo problema con distintos acentos.
Volví en el tren de las 19:30. El vagón volvía repleto y en silencio, con algunas voces tomadas y los pies agotados para mantenerse de pie. No sé si esta cuarta marcha mueva la aguja en el gobierno, pero me dejó una certeza: Como estudiante de Periodismo de la UNLP, mi lugar el 12 de mayo era ahí, sin agrupación, caminando con los que no llegan a fin de mes. Porque si el crecimiento del 3,6% que anuncia el Banco Mundial no se siente en el bolsillo, tampoco se siente en un aula sin calefacción. La exigencia del cumplimiento del financiamiento universitario no es una lucha partidaria o de ideologías políticas, es la defensa del derecho que interpela a los 46.044.703 argentinos. Y eso, también, hay que contarlo.
