Sireñoras, de Charo Zeballos

—Ami, te parece si ponemos un rato las birris en la heladera y vamos derecho a la playa.

Sofi sacó las latas de la conservadora y las depositó en la mesa de la cocina. 

—Pará, amiga ¿qué te crees que estás en Cariló que llegás y podés usar las instalaciones de una? Hay que hacer cosas en la casa primero, como por ejemplo subir la térmica —explicó Guille, con los ojos fijos en un papel amarillento escrito a mano que, tras un “Querida Familia” explicaba paso a paso las instrucciones de uso y guardado de la casa.

“No anda la cadena”, se escuchó la voz aguda de Valen desde el baño. 

—Uh no pueden esperar un segundo a llegar —rezongó el pibe—. No, no anda la cadena si todavía no abrimos la llave de paso. Bancá que te la abro, pero tenes que llenar el balde. 

—¿Qué?

—Que ya te abrí la llave pero tenes que llenar el balde que está en la ducha —dijo muy fuerte y muy cerca de la puerta del baño. Volvió a la cocina, subió la térmica y prendió el ventilador de techo. 

—Qué calor que hace en esta casa —se quejó Sofi que ya estaba preparando los sanguchitos de tomate y queso para llevar— ¿Ya puedo enchufar la heladera, ami? ¿O hay que hacer algo más? Igual las birras están bastante frías.

—Creo que se puede enchufar, pero esperá que termino con esta explicación tan detallada de la Nonna antes de hacer cualquier cosa. Vos sabés que mis viejos son re hinchas con que todo se tiene que hacer de una forma porque sino se rompe — se quejó mientras se limpiaba la transpiración de la nuca—. Me voy a poner en tetas.

—Apa pero qué bien quedaron esas cicatrices, amigo —soltó Valen mientras tiraba Poett por la casa.
—Gracias, amiga. La verdad me siento re cómodo. 

—¿Agarro la pelota y vamos a la playa?

Valen en malla y shorcito le arrancó la hoja a Guille, le dio la mano y mientras bailaba sin música comenzó a hacer pucherito. 

—¿Dale que dejás todo para después? —beboteó.

—Ya están los sanguchitos, las birras vinieron más o  menos frías y armé un porrito —se sumó Sofi.

—Vamo’ las pibas —festejó Valen.

El celular de Guille vibró dos veces, dos mensajes de La Gladys entraron en ese momento. 

El primero era un mensaje de audio de más de tres minutos. 

El segundo: “¿Llegaron bien, hijita?”

—Chiquis arranquen ustedes y yo las alcanzo. Llegar es fácil, salen, doblan a la izquierda y derecho tres cuadras hasta el balneario público. 

Las pibas se fueron con parlante, reposeras, conservadora y pelota en mano. Cuando Guille estuvo solo, reprodujo el audio.

“Guillermina, acá estoy con tu padre, venimos de la Nonna. Se nos hizo re tarde porque hoy otra vez no quería comer nada. Yo le digo que está piel y hueso pero no hay caso y para colmo la señora no pone mucho esfuerzo en hacerla comer, pero es tan difícil conseguir gente… Esta por lo menos parece que no roba, pero hay que estarle encima. Qué se le va a hacer. 

¿Qué decís Raúl? Ah, acá pregunta papi que cómo llegaron. Sí, la nena sabe dónde están las instrucciones. Bueno. Bueno, le digo. 

Mirá, últimamente no sé qué pasa por allá que a la gente se le ha dado por mear y cagar, con el perdón de la palabra, en la entrada de la casa. Te habrás dado cuenta cuando llegaste de la baranda que hay. Bueno tratamos de limpiar nosotros por lo menos día por medio porque es tremendo, porque plata para poner rejas no tenemos. Antes no era así ¿no papi?, pero este país está cada vez más perdido. Después de que el tipo este ganó pensamos que iba a cambiar algo, pero terminó todo peor.

¿Qué?¿Qué querés, papi? Ah sí, es verdad que no le gusta que le hablen de política. Bueno hijita, entendeme, ya estoy como la Nonna que desvarío un poco.
No te robo más tiempo. Dicen en el noticiero que se vienen unos días hermosos. Te mando un beso. 

Aca papi te manda beso también ” 

Guille se despegó el celular de la oreja y terminó de arrancar un pedazo de empapelado floreado de la pared que dejó al descubierto una sección del color verde menta original.
“Llegamos bien”, escribió .
De memoria se ocupó de lo básico: enchufó la heladera, sacó los colchones del cuartito y abrió la ventana de la pieza para que ventilara un poco. Se puso la remera, prendió un porro y se aseguró de que todas las luces quedarán apagadas, la garrafa cerrada, el patio con traba.  Encaró a la playa.

—Tanto ibas a tardar, amigo. Ya nos terminamos las birras —gritó Valen. —Mirá, ¿querés un fernecito?

Le convidó del vaso térmico que tenía en la mano un fernet aguachento con varios hielos flotando.
—¿De dónde sacaron hielo y fernet ustedes?

—¿Para qué te crees que trajimos la conservadora? Compramos en el kiosco de la entrada, un poco careli pero bueno, para qué tengo a dos francesas alquilando mi depto —contestó Sofi mientras le pateaba la pelota a Guille. 

Guille la frenó, la acomodó y le dio con la punta. Valen salió corriendo atrás de la pelota.
—El verdadero me lo merezco. ¿No te da cosa alquilar tu depto a desconocidos?

—Si, pero por ahora necesito guita. Para colmo llegamos y yo tengo que ver donde me quedo dos días más.
Valen volvió corriendo con la pelota abajo del brazo. —Boludo, la tiraste a la mierda y casi le pegás a una criatura. Le pasó al ras y del susto se cayó y empezó a llorar. La madre me miró con una cara de orto. Re pesadas eran—. Soltó la pelota y pateó despacio —¿Se dan cuenta que somos como adolescentes nosotras?
—Hablá por vos, yo el próximo lunes me tengo que levantar, ir a trabajar, comprar la comida de los michis…— contestó Guille mientras atajaba y pasaba.
—Sí, amigo yo también tengo que ir a la oficina, pero después seguro me junto con vos en la plaza, o vamos a tomar algo a Marimacha. Siempre hacemos plancitos como si fuéramos adolescentes y nos acostamos a las dos de la mañana.
—Lo que pasa es que no tenemos bendis— soltó Sofi.

— Ni plata para hacer otra cosa ¿Te imaginás tener bendis en este contexto? Me mato— contestó Guille.
—A veces siento que quiero. Bueno hasta hace poco con Anna estábamos en ese plan. La casa, el auto, el perro, todo eso—. Valen le dio a Guille un vaso lleno de hielo que comenzó a llenar de fernet y después de coca zero. —Pero todo se fue a la mierda muy rápido y ya no entiendo a la gente que está para siempre con la misma persona.
Guille tomó un trago y se lo pasó a Valen — Amiga, podés hacer todo eso con alguien más.
—El tema es que siento que ya no quiero eso. Que solo lo quise con Anna o pensaba que lo quería y por eso se fue todo a la mierda.
Sofi se acercó a la ronda alrededor del vaso —¿Te imaginabas toda la vida con una misma persona? Es una bocha eso.

Valen se sentó sobre la pelota y se puso a espolvorear arena entre sus dedos. Sofi y Guille se sentaron también y se sumaron a enterrar y desenterrar las manos.

—Yo no me aguanto ni a mí mismo imagínate si tengo que aguantar a otra persona. Me mato— comentó Guille

—Callate si sos re cornudo vos, o te recuerdo que estabas planificando mudarte de ciudad por tu ex. Si hasta me dijiste que flasheaban adoptar y no un gato, un humano— se defendió Valen. 

—Vos lo dijiste flashe. Lo malo es que se lo conté a La Gladys y todavía me sigue jodiendo con que quiere nietos y que por qué le hago esto de negarle una vejez con nietos

Valen apoyó su mano arenosa en el hombro de su amigo —Tu vieja no entiende que solo querés ser un viejo trolo con sus michis. 

—A mí por suerte ya ni me preguntan pues casi señora de las cuatro décadas. En algún momento se cansaron de preguntar. 

—Sí, So. El tema es que mi vieja siempre me dice que quién me va a cuidar cuando sea viejo y un poco todavía no sé ni qué quiero hacer la semana que viene. —Entre nosotras nos vamos a cuidar, amigo —Valen se paró y levantó la pelota. —¿Hacemos unos penales? Me re pinta atajar. 

Imagen: Campooo agua de Lara Isabel González Arias.

Texto producido en el Taller de Verano del LITIN.

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